La educación en Colombia debe plantear de manera inmediata un currículo que esté acorde con los signos de los tiempos. El principal objetivo debe ser centrar el trabajo curricular en una formación más humanizante, que reivindique valor de la formación desde la misma persona, reconociéndola en toda su dimensión pero también valorando las múltiples interacciones que desarrolla con su medio. De esta manera, el currículo será de construcción permanente, participativa, flexible, creativa, con un enfoque social y con características interdisciplinares que permitan las transformaciones que nuestra sociedad requiere.El currículo debe ser modificado y adaptado al medio, a las necesidades y realidades de las comunidades y de las escuelas, de tal manera que respondan a los intereses, aspiraciones y condiciones de cada una de ellas. De esta forma, la flexibilidad del currículo radica en la capacidad de adaptación que tiene al entorno o contexto inmediato que viven los procesos de enseñanza - aprendizaje.
En cuanto a la flexibilidad curricular, el pedagogo Abraham Nazif (1996) habla de la “posibilidad de conceptualizar y relacionarse de manera dinámica y transformada con el conocimiento. Implica también incorporar los saberes cotidianos y reconocerlos como parte de la formación de los sujetos; dar legitimidad a estos saberes es reconocer especialmente a los alumnos como personas capaces de pensar, reflexionar, interpretar, sentir y relacionarse desde sus propias experiencias y conocimientos”.
Pienso que para llegar a este punto, es necesario reducir el tiempo en las aulas; pasar de clases magistrales y teóricas a las clases prácticas y vivenciales: “aprender haciendo” Esto permite al estudiante dedicarse más a la biblioteca, a la consulta vía internet, a los laboratorios, al trabajo de campo, a la investigación, al aprendizaje por la experiencia... La meta es enfrentar a los estudiantes con la realidad y, desde allí construir un aprendizaje más sólido y más contextualizado; humanizante y flexible.
Victor Hugo Muñoz



